Despedida a la Hermana Carmen Teresa

 

Hace unos días, la vimos con la mirada triste, intentando abarcar en un solo suspiro veinte años de vivencias, de dedicación, de un cariño y amor derrochado que hace más difícil el partir, máxime sin la esperanza del volver. El otro día, querida hermana, la vimos con ganas de hasta llorar; decía un maestro cofrade, que el Cristo se ve más bonito cuando uno llora, y posiblemente así sea, y seguro que en estas últimas tardes paseando por la parroquia así lo haya visto, así lo haya sentido, como un cofrade más.

Es difícil en unas breves líneas señalar tantas vivencias compartidas con nuestra Hermandad, sería injusto recordarlas todas, siempre se olvidaría aquella más significativa en la intimidad de cada uno; pero para nosotros, para todos los Hermanos del Silencio, siempre quedará grabado en nuestras retinas, esa tarde de otoño, en la que en nombre de su comunidad, se ofrecieron a la protección de la Madre de Dios, tenga la seguridad que a ella le encomendamos y en ella veremos siempre ese derroche de cariño que siempre nos profesó, y del que ya se queda inundado cada uno de nuestro corazones.

Permítame en nombre de todos mis Hermanos de Silencio darle las gracias por todo y por tanto, que el Santísimo Cristo de la Humildad y María Santísima Madre de Dios, le ayuden para llevar adelante los nuevos retos que ahora se le presentan.

Con nuestro cariño más profundo.

Diego Montiel Serrano, Hermano Mayor.

Iglesia Parroquial de Cristo Rey, 1 de agosto del Año del Señor de 2016.

 

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